domingo, 19 de junio de 2011
viernes, 3 de junio de 2011
Aveces salen estas cosas solitititas.
Una amiga me pidió ayuda con desmenuzar un libro para su clase de literatura, El teatro y su doble, por Antonin Rimbaud. Después de explicar qué es una metáfora, comencé a hablar del libro y sus significados. Me puse demasiado cómodo, y como una flatulencia, comenté lo siguiente por simple reacción.
"...¿Qué mejor metáfora que la vida siendo un teatro? Con escritores, villanos en la perspectiva de los protagonistas, actores y actrices con importancia y sin importancia, y trama. En lo que capté, quizas Rimbaud juega con una metáfora elaborada. Una metáfora donde todo el libro, es quizás, un representación de él mismo, y de su descabellada mente. Pero disfrazada en una crítica al teatro de su tiempo, pues un libro de un loco no sería muy aclamado en su tiempo.
Pero, Rimbaud no se cree así mismo un genio, ni se presenta como uno; pero tan solo un actor de reparto más. Después de todo, somos villanos en los ojos de personajes diferentes. Somos héroes. Somos locos. Pero lo que es verdad, es que somos humanos."
Las cosas de las que más estoy orgulloso son escritas. Debería gastar mi energía en estudiar para mis exámenes súper sencillos.
Nah.
domingo, 29 de mayo de 2011
Quiero un putamadral de tacos. Y le contesté *mchfsk*(onomatopeya de chasquear la boca)
domingo, 27 de febrero de 2011
El epicentro.
Siguiendo con mi última tendencia del invierno, ¨ Época de dejar varado artísticamente el blog¨, también conocido por ¨Cuento lo que me paso como si fuera un twitter con la capacidad de dos párrafos y oraciones redundantes¨, supongo que escribiré otro post sin mérito creativo (consciente), para hacer volar tres horas en una tierra inhóspita, conocida vilmente como la Mesa. Es un sueño. Pero lo prometo uno vagamente interesante.
El sueño comienza con una toma de una selva exuberante, y mi perspectiva cambia hacia la costa de la selva. Agua cristalina. Y un sol radiante, aluscinante. Tan lleno de amor. (¿Y todavía tengo la desvergüenza de hacer referencias?) Pero la vegetación en la costa parecía escaso. Parecía estar muriendo. Un hombre y una mujer de una novela que leí hace un par de años aparecen en la escena sin ropajes, y justo ahí, en una playa de lo que estoy en la irreparable certeza que era Samoa, se acuestan. Mediante más lo disfrutan, pasto, flores, y animales empiezan a nacer alrededor de ellos. Ojo, respetable y decente lector, tal acto sexual, mientras tenía connotaciones claramente sexuales, no era pervertido. Era completamente inocente y sin una agenda que cumplir. El personaje de la novela no estaba interesado en sus senos, en su trasero, o en su monte de Venus. No. Estaba concentrado en ella, y ella en él. Estaba concentrado en darle vida a esa costa de Samoa. No necesariamente con sexo, pero con amor. Amor consensual, amor que no era burdo, y simplón.
La escena cambio. Otros personajes, esta vez dos mujeres. En el lecho de un volcán en Hawaii, besándose sin ropaje. Es muy difícil de creer pero mi persona ,aun que no tomara un rol directo en el sueño, no me sentía "excitado".Era dichoso de presenciar que esas dos personajes se amaran. De nuevo, el lecho del volcán se pintó con vida. Y así sucesivamente, hasta transcurrir tres escenas más. Desperté, aprecié, y repasé todo lo que había visto. Mentiría si digo que saque algo provechoso que puedo aplicar en mi vida. Sólo saqué emociones.
Lo cual me lleva a la inevitable interrogativa, ¿acaso estoy condenado a vivir en una sociedad donde lo normal es tener juegos mentales, actuar por conveniencia, y emociones forzadas?
Aveces, el único remedio es Sinatra, el cielo estrellado, y un chái en las rocas hecho en casa.
miércoles, 26 de enero de 2011
Un pedacillo de cielo.
Venta y compra de libros raros
¿Cómo pude haber pasado por ahí varias docenas de veces y jamás haberme dado cuenta?
¿Cómo me miraba al espejo todos los días al pasar por alto el objeto de mis fantasías?
-"No, no realmente."-contestó.
Sonreí como mocoso. Ningún libro que yo conociera, aparte de los obligadísimos y merecidos clásicos. Mis días de sobrevivir en Gandhi se habían acabado. Mis días de emprender búsquedas de tesoros en librerías esotéricas también. Abrí un libro de 236 páginas. Vi el precio. Treinta y cinco miserables pesos mexicanos. Créame, querido lector, que si fuera socialmente aceptado tener múltiples orgasmos que me llevaran a mi éxtasis existencial, los hubiera tenido justo ahí. En una pequeña habitación que huele a libro viejo y humedad, entre la tercera y la cuarta, sobre niños héroes, entrando en un callejónsito, con "Celos", de Fanny Lú de fondo.
lunes, 17 de enero de 2011
En Oaxaca, el cielo se alcanza más fácil.
"Debí haberlos lavado mejor. -pensé, "tengo un sabor a tierra."
Quité una cobija de la cama, y salí al pórtico de la cabaña que daba directamente al bosque. Me senté en una silla, los demás estaban en las otras, en la misma área. Hablamos un poco, pero yo me concentraba en lo que sentía, indicios del efecto. Alucinaciones. Nada. Pasaron cuarenta minutos. Y simplemente me sentía más relajado.