Siguiendo con mi última tendencia del invierno, ¨ Época de dejar varado artísticamente el blog¨, también conocido por ¨Cuento lo que me paso como si fuera un twitter con la capacidad de dos párrafos y oraciones redundantes¨, supongo que escribiré otro post sin mérito creativo (consciente), para hacer volar tres horas en una tierra inhóspita, conocida vilmente como la Mesa. Es un sueño. Pero lo prometo uno vagamente interesante.
El sueño comienza con una toma de una selva exuberante, y mi perspectiva cambia hacia la costa de la selva. Agua cristalina. Y un sol radiante, aluscinante. Tan lleno de amor. (¿Y todavía tengo la desvergüenza de hacer referencias?) Pero la vegetación en la costa parecía escaso. Parecía estar muriendo. Un hombre y una mujer de una novela que leí hace un par de años aparecen en la escena sin ropajes, y justo ahí, en una playa de lo que estoy en la irreparable certeza que era Samoa, se acuestan. Mediante más lo disfrutan, pasto, flores, y animales empiezan a nacer alrededor de ellos. Ojo, respetable y decente lector, tal acto sexual, mientras tenía connotaciones claramente sexuales, no era pervertido. Era completamente inocente y sin una agenda que cumplir. El personaje de la novela no estaba interesado en sus senos, en su trasero, o en su monte de Venus. No. Estaba concentrado en ella, y ella en él. Estaba concentrado en darle vida a esa costa de Samoa. No necesariamente con sexo, pero con amor. Amor consensual, amor que no era burdo, y simplón.
La escena cambio. Otros personajes, esta vez dos mujeres. En el lecho de un volcán en Hawaii, besándose sin ropaje. Es muy difícil de creer pero mi persona ,aun que no tomara un rol directo en el sueño, no me sentía "excitado".Era dichoso de presenciar que esas dos personajes se amaran. De nuevo, el lecho del volcán se pintó con vida. Y así sucesivamente, hasta transcurrir tres escenas más. Desperté, aprecié, y repasé todo lo que había visto. Mentiría si digo que saque algo provechoso que puedo aplicar en mi vida. Sólo saqué emociones.
Lo cual me lleva a la inevitable interrogativa, ¿acaso estoy condenado a vivir en una sociedad donde lo normal es tener juegos mentales, actuar por conveniencia, y emociones forzadas?
Aveces, el único remedio es Sinatra, el cielo estrellado, y un chái en las rocas hecho en casa.